La importancia de las asociaciones en el contexto actual

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Ahora que desde Ecoonomia estamos trabajando una línea más ortodoxa dentro del campo de la empresa, las finanzas y todo lo relacionado con los negocios, no estaría de más tocar algunos temas de actualidad.

No es porque a una de las asociaciones que tengo el honor de presidir le hayan dado un premio reconociendo su trayectoria durante el año 2017. Es algo más, es la esencia del no caminar solo hacia unos objetivos. Las asociaciones son elementos que surgen para el bien común. Aunque desde hace años la creación de las mismas haya tenido como objetivo alguna oscura intención, como puede ser captación de subvenciones o gestión de fondos de forma impropia, la realidad es que todo lo que sea aunar fuerzas por el bien común es muy necesario.

La fuerza de una asociación la genera el interés propio de sus asociados y los puntos que éstos tienen en común. Hay asociaciones patronales que engloban empresas de un mismo sector o asociaciones territoriales que juntan los intereses de aquellos empresarios y empresarias que operan dentro de una zona geográfica determinada. Esa fuerza es la que permite que instituciones y otros organismos intermedios cuenten con la voz y el voto de las asociaciones.

Esta voz se tiene que ganar a través del prestigio de los miembros que las representan, la independencia en la gestión tanto económica como de decisión y la transparencia en las operaciones. Las asociaciones tienen que demostrar que el interés de sus órganos de gobierno es el beneficio de sus asociados, y no el de sus juntas directivas.

Han sido años difíciles para todos, de crisis no solo económica sino también de confianza. Acabada la subvención, acabada la entidad, hecho que no tiene mucho sentido. No tiene ninguna explicación que los empresarios asociados no sean capaces de promover iniciativas conjuntas a través de diferentes organismos intermedios sin que existan ayudas externas o proyectos impropios. La fiesta de los socios la deben pagar los socios.

Para el futuro se tienen que tomar decisiones. Por ejemplo, las operaciones de las asociaciones deben ser transparentes, tanto a nivel de ejecutivas como de comisiones. No se debería transferir dinero desde fondos públicos a empresas particulares vía asociaciones porque ese no es el objetivo. El buen gobierno debe ser la base de los valores asociativos. Sobre todo en aspectos de sostenibilidad y cuenta de resultados. No deben ser los entes asociativos elementos que cuesten la reputación ni el dinero a sus dirigentes, ni tampoco deben ser pozos infinitos. Las asociaciones deben intentar gestionar proyectos y tener competencias, pero no deben ser vehículos particulares de empresas.

Y por último, deben estar dirigidas a proteger a los empresarios, que son los que generan empleo y por lo tanto son el motor económico de este país y parte de los cimientos sobre los que se escribe su futuro.